lunes, 21 de mayo de 2007
SOMOS GRANDES
Las gaitas tocaron sonidos de guerra y empezó el arrebato. Empezó una lucha entre dos equipos que querían llevarse a nuestra niña. Uno para robárnosla, para tenerla y saber que se siente a su lado. Otro, para evitar que su reina, acostumbrada al sur, se fuera para las tierras del norte. La batalla fue a cara de perro, sin bajar ninguna vez los brazos, luchando en cada segundo, peleando en cada ataque. Pasaban los minutos y nuestra niña cambiaba por momentos de bando, pero ella no quería ir al norte, ella quería volver con su gente que la esperaban con tanto cariño en su casa. El combate seguía y cuando parecía que todo marchaba según lo previsto, el enemigo dio un golpe mortal que nos dejo sin reacción por un momento. Pero las fuerzas seguían porque nadie nos podía arrebatar lo que siempre ha sido nuestro. El día empezaba a decir adiós y fue la luna la que fue testigo de lo que aconteció antes que llegara un nuevo día. Solo quedaban seis gladiadores por cada equipo. Nosotros atacábamos con golpes certeros y ellos se estrellaban una y otra vez, así hasta tres veces contra el héroe de esa noche. La última oportunidad, el último golpe fue parado por dicho héroe y todo estalló de alegría, al ver que nuestro ejercito volvía a casa con la niña que nos arrebataron. El enemigo que había luchado con coraje, cayó hundido en el suelo de Hampden Park. Los gladiadores repartidos por todo el mundo lloraban de alegría, sobre todo en nuestra ciudad que fue inundada de nuevo de un mar carmesí. Nuestra niña, nuestra reina volvía a casa, a su casa, donde la Giralda la esperaba con los brazos abiertos. Y volvió, no porque su puerta llamara la gente, porque en Sevilla la gente no llama. Y volvió un año después de que todo el mundo reconociera en este tiempo de que nuestro equipo era el mejor. Los que hablaron del fin de este equipo no lo verán nunca porque los que pasan a la historia nunca tienen final. Decirles a todos que no hemos vuelto de nuevo a ser grandes porque nunca lo dejamos de ser. Que no estuvimos muertos, pese a los hipócritas que intentaron aburrirnos con sus mentiras y manipulaciones. Y volvió mi niña a su casa porque en su ciudad sonaba su canción de cuna que el arrebato le cantara desde el alma. Y ya la tenemos en casita y ahora llora pero feliz por su regreso; ahora esta nerviosa como hace un año; ahora entre todos la cuidaremos, la mimaremos como el primer día. Y esta feliz aunque no del todo. Nos habla de su hermana pequeña, que tras saber como hemos cuidado a su hermana mayor está deseando de venirse con ella. Dice que quiere vivir en Nervión, que no le gusta su actual casa, donde viven manipuladores, mafiosos, sinvergüenzas y todos los años la llevan de un lado a otro. Que vive en una ciudad donde el sol no es el mismo, en una ciudad donde las mangantes de turno, todos los años intentan que viva en el paseo de la Castellana o cerquita del Manzanares. Ella quiere venirse con su hermana y su tita la Giralda y dice que quiere entre otras cosas, disfrutar de la feria, que quiere vivir la Semana Santa, que esta deseando de pasear por el barrio de Santa Cruz, que quiere disfrutar de una tarde en el Parque de María Luisa y que quiere comprobar lo guapa que es una mujer sevillana. Ella cuenta los días, cuenta las horas, cuenta los minutos porque sabe que los mismos gladiadores que lucharon por su hermana van a luchar dentro de un mes para traerla a ella a la ciudad que tanto desea. Tu mi niña pequeña no llores porque haremos realidad tu sueño, que pronto estarás con tu hermana y tu tita. Por todo esto y por el sevillismo solo me queda decir una última frase: Somos Grandes.
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